Varias mutaciones asociadas con un agresivo cáncer de ovario


Como ya hicieran con el glioblastoma (un tumor cerebral), el cáncer de páncreas, el de mama y el de colon, entre otros, el equipo liderado por Víctor Velculescu, Kenneth Kinzler y Nickolas Papadopoulos analizaron más de 18.000 genes codificantes procedentes de las células cancerígenas de ocho pacientes del Centro Kimmel de la Universidad Johns Hopkins (EE.UU.).

Iban en busca de mutaciones, de pequeñas alteraciones en el código genético que hacían a estas células distintas de las de las personas sanas. En su primera criba dieron con 268 variantes de 253 genes; una media de unas 20 mutaciones por tumor. Y entre ellas, sobresalían por su frecuencia dos: ARID1A, presente en el 57% de los tumores, y PPP2R1A, que se encontraba en el 40% de las muestras.

Ésta es la primera vez que se relacionan estos genes con el cáncer de ovario de células claras, por lo que “suponen una oportunidad para el desarrollo de nuevos biomarcadores y dianas terapéuticas”, ha explicado Papadopoulos, director de Genética Traslacional del Centro Kimmel.

Además de su alta presencia en este tipo de carcinoma, el papel desempeñado por estos genes los hace aún más relevantes. Según reveló la investigación, una mutación en PPP2R1A lo transforma en un oncogen, que favorece la malignización de las células. Y, lo que es más interesante, las mutaciones en ARID1A provocan alteraciones en la expresión de los genes y en la cromatina, la estructura que ayuda a ‘empaquetar’ el ADN y que regula de algún modo qué genes se expresan y cuáles no.

El próximo paso será “identificar a qué genes afecta ARID1A“, explican los autores en las páginas de ‘Science’. Esclarecer este punto ayudaría a definir una de las incógnitas que rodean hoy en día la genética del cáncer, que es la relación que existe entre las mutaciones que causan los distintos tumores y la gran cantidad de alteraciones epigenéticas (variaciones en la expresión de los genes sin que cambie su código) que se observan en sus células.

Autor: Cristina de Martos

Fuente : El Mundo Digital