Inyección de genes contra la depresión

Aunque no se conocen con exactitud las causas concretas de la depresión, sí se sabe que está asociada a ciertos cambios químicos en el cerebro. Un equipo norteamericano de investigadores ha logrado actuar sobre algunos de ellos mediante la inserción de un gen y ha revertido los síntomas de esta enfermedad en ratones de laboratorio.

Los científicos han empleado virus para transportar el ‘gen terapéutico’, que se conoce como p11 y activa una proteína esencial para la recepción de la serotonina, un neurotransmisor muy relacionado con la depresión. El procedimiento de terapia génica, que se presenta en la revista ‘Science Translational Medicine’, es similar a los que se están estudiando para trastornos neurológicos como el Parkinson e incluso problemas de adicciones.

Los autores del estudio, del Hospital Presbiteriano de Nueva York y el Centro Médico Weill Cornell (EE.UU.), inyectaron una solución con genes directamente sobre el área del cerebro en la que pretendían actuar, el núcleo accumbens. Este pequeño grupo de neuronas se asocia con la risa, el placer, el miedo o la adicción. En general, se considera que de esta región cerebral depende parte de nuestra capacidad -o incapacidad- para sentir satisfacción a partir de las experiencias positivas.

En primer lugar, los investigadores bloquearon mediante un virus la expresión del gen p11 en este núcleo cerebral, lo que provocó que los ratones entraran en un estado de depresión. Apenas se movían, y ni siquiera reaccionaban para intentar escapar cuando se les apresaba. A estos mismos roedores, y también a través de virus, se les aplicó después el gen p11, con el resultado de que sus funciones se volvieron a activar y los animales volvieron a comportarse con normalidad: peleaban, jugaban y recuperaron la vitalidad.

No se encontraron síntomas de infección o inflamación en los ratones y el efecto es, hasta donde este estudio preliminar ha podido constatar, permanente. Michael Kaplitt, experto en neurocirugía molecular y principal firmante del estudio, destaca que una de las ventajas de esta técnica es que permite alterar la función de focos específicos del cerebro sin afectar al resto del organismo.

Esta terapia, de momento en fase muy preliminar, podría emplearse algún día con humanos que sufran una depresión grave y no respondan a otros tratamientos. Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta enfermedad no está localizada sólo en el núcleo accumbens, sino que hay muchos otros circuitos involucrados, además de factores ambientales. Aun así, los autores de la investigación confían en que una intervención de este tipo podría revertir todo el proceso de la enfermedad.

Para comprobar que el sistema sería también válido en humanos, estudiaron cadáveres de pacientes aquejados por depresión y vieron que sus niveles de la proteína que activa el gen p11 eran significativamente más bajos de lo normal. Esta proteína transporta a los receptores de la serotonina hasta la superficie de las neuronas, donde se acoplan a los neurotransmisores de esta sustancia. En ausencia de la p11, las neuronas aún generan los receptores, pero éstos no pueden cumplir su función y el ciclo de captación de la serotonina se interrumpe.

UNA ESTRATEGIA INTERESANTE AUNQUE REMOTA

Las terapias que actúan sobre la serotonina se usan desde hace décadas para combatir la depresión, pero los científicos apuntan a niveles cada vez más profundos, como en este caso, que se dirige directamente a lo que los autores consideran una de las causas subyacentes de la depresión clínica.

« Es una línea de investigación interesantísima, han comprobado que son capaces de corregir algún aspecto de la disfunción », señala a ELMUNDO.es el doctor Javier Schlatter, psiquiatra de la Clínica Universidad de Navarra en Madrid. Sin embargo, este experto alerta de que « hay un salto conceptual importante entre poder intervenir en un receptor y curar la depresión ».

En otras palabras, podrían pasar muchos años hasta que la terapia génica contra la depresión fuera efectiva en humanos, si es que alguna vez lo llega a ser. « Es una posibilidad ilusionante pero distante », resume Schlatter, quien apunta, además, posibles problemas éticos y médicos que podrían interponerse. « Intervenir en el cerebro es éticamente conflictivo porque el cambio producido podría afectar también a otras cosas », comenta. En este sentido, la inserción de genes podría ser más eficaz en trastornos que se encuentren más localizados en áreas cerebrales concretas.

De hecho, el doctor Kaplitt y su equipo están trabajando desde hace años en posibles usos de la terapia génica para combatir el Parkinson. Schlatter, por su parte, considera que la técnica está más cerca de ser útil en problemas neurológicos (como el Parkinson) que psiquiátricos (como la depresión).

Autor: Ángel Díaz

Fuente: El Mundo Digital